Estimados lectores, hablar de esta foto es hablar de una época donde en Polonuevo floreció la alegría, y no solamente entre los jóvenes, sino también entre los mayores, porque el Carnaval, que había empezado a celebrarse desde el año 53 con todas las de la ley, se convirtió en una fiesta que se quedó en el gusto de los habitantes y movía muchas pasiones.
El domingo de jolgorio
Polonuevo era un pueblo pequeño, de calles arenosas, altos cocoteros y muy tranquilo. En Carnaval, los músicos se iban a otros pueblos a trabajar y en esos cuatro días no había fiestas carnestolendas, pero eso sí, el primer Domingo de Tentación era cuando ellos celebraban, trayéndose consigo a los colegas de otros pueblos, comparsas, comedias, disfraces y a todo aquel que quisiera seguir el jolgorio.
Un cura en el camino
La calle 3 y la plaza principal se vestían de carnaval, una gran toma donde el pueblo participaba. Pero ya Polonuevo en el año 50 tenía cura propio, el padre Humberto Lizcano, quien vio aquella celebración en época de Cuaresma como un despropósito siendo un pueblo tan católico; así dejó de celebrarse esa toma carnavalera.
La primera reina en el 53
La sociedad polonuevera se puso de acuerdo y en un acto colectivo se propusieron celebrar el carnaval como lo hacían en los otros pueblos. Entre Alcaldía y comunidad plantearon las reglas y se propusieron buscar dos candidatas representativas de los dos barrios: El Barro y La Loma. Eligen a la señorita Rosita Rojas como la primera reina y celebraron ese carnaval como si fuera el último.
Carnaval de pasiones
Desde entonces, estas fiestas se empezaron a vivir con mucha alegría. La elección de la reina siempre estuvo cargada de pasiones, dividiendo amigos y hasta familias por seguir a la candidata de sus preferencias, pero al final todos terminaban unidos en la celebración, en el jolgorio, en un sano disfrutar.
Una foto de un instante carnavalero
Esta foto es un ejemplo de eso. Allí aparecen, de izquierda a derecha, el Sr. Ricardo Carmona, el Sr. Aníbal Pertuz, dos personajes con máscaras no identificados y, por último, el Sr. Pedro Raimundo Orozco. Sin olvidar al fotógrafo, quien permitió que hoy podamos activar la memoria a través de esta fotografía, el profesor Adolfo Pertuz.