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Los carnavales en Polonuevo en los años 1950 a 1970

Por: Lic. Rafael Villa Carrillo.

Para el periodo que va de los años cincuenta a los años setenta, el municipio de Polonuevo festejaba las fiestas de los carnavales de forma autóctona y con una creatividad íntegramente criolla. En este documento me referiré al reinado popular, que año tras año, y carnaval tras carnaval, se celebraban en este territorio.

Tradicionalmente, Polonuevo contaba con dos barrios: El Barro, que comprendía la calle uno hasta la calle cinco; y La Loma, territorio comprendido entre la calle cinco y la calle ocho.

En cada barrio se conformaban grupos entusiastas de hombres y mujeres que designaban una señorita de las más prestantes, que resaltaban por su simpatía y belleza. Las dos candidatas se disputaban la corona, la de El Barro frente a la candidata de La Loma.

Las candidatas

Cada una de las candidatas conformaba un comité integrado por jóvenes de ambos sexos, entusiastas e incansables bailadores que derrochaban energía al son de la música de Julio Ojito, Pedro Laza, Pacho Galán, Rufo Garrido, los Corraleros de Majagual, Aníbal Velásquez y tantos otros artistas, músicos y compositores de la música del momento.

Cada barrio elegía su candidata, la cual debía reunir las cualidades: Ser bonita, elegante, popular y, sobre todo, contar con la autorización de sus padres. En el ramillete de señoritas que desfilaron en los diferentes carnavales, ya sea como reinas o candidatas, mencionamos a Rosita Rojas, Rosa Matilde Romero, Rosalba Mass Lara, Flor Lara, Miryam Tejeda Martes, Ayda Mercedes Polo, Adis Romero Manotas, Aydee Durán, Lesbia Solano Vargas.

La elección de la reina

La reina se elegía mediante la realización de escrutinios que se llevaban a cabo en la Escuela San Rafael en horas de la noche. En cada escrutinio se contaba el dinero que se recogía en las diferentes actividades llevadas a cabo por la comitiva de la candidata. La elegida era la que sumara más dinero en los tres escrutinios. Para el desarrollo de las actividades de la candidata, su residencia se adornaba con una enramada construida con horcones de madera, caña brava y palmas de coco. Allí, al son de un picó, disfrutaban de la música sabanera como La palenquerita, Catama, Mujé, ron y pasté, La vaca vieja, El mochilero, El breque, Culebra cascabel, Tres puntá, La india motilona, El tituguay, El pájaro picón, picón, La pelea de gallo, El gallo blanco, El chivo negro, El conejo cotilino y tantas otras canciones que hacían furor en la juventud y en los viejos.

Cada comitiva organizaba sus actividades y eran tan celosas, que algunas se enfrentaban con insultos con la comitiva de la candidata rival. Organizaban verbenas, bailes, cumbiambas, fandangos en el pueblo y en los municipios circunvecinos.  Hay que resaltar que en esos eventos no había faltas de respeto, ni consumo de marihuana, ni de droga alguna, todo transcurría en la normalidad. La comida preferida en los cuatro días de Carnaval era el sancocho de guandú, se preparaba sin ninguna clase de carne o pescado, con el fin de no calentarlo en las horas de la tarde, o noche.

El día de la elección

El día del escrutinio salía el Tesorero municipal acompañado de las comitivas de cada candidata con un saco en el hombro donde estaba todo el dinero recaudado en sus actividades. Generalmente en el primer y segundo escrutinio no presentaban todo el dinero recaudado, fingiendo pocos fondos, para aparentar iliquidez y luego, rematar en el último escrutinio con una victoria arrolladora. Los fondos recaudados eran destinados a sufragar los gastos de la coronación de la reina triunfante. Por lo general la coronación de la reina se llevaba a cabo el jueves anterior al sábado de Carnaval. Unas se realizaban en una plazoleta detrás de lo que se conocía como El Páramo, otras en la Plaza 7 de Agosto, frente a la Alcaldía Municipal, para lo cual se instalaba una tarima, muy engalanada con arreglos de carnaval y el trono para la reina y sus princesas.

Tomado del libro: El culto a la memoria escrito por el Lic. Rafael Villa Carrillo. 1ª edición. Pág. 35.