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El cementerio municipal

Cuando el sitio de libres de San Luis Beltrán de Pueblo Nuevo tuvo una población considerable para la época, fue necesaria la construcción de una iglesia y también de un cementerio.

Es así como el primer campo santo de Polonuevo se localizó al lado de la iglesia donde los habitantes podían enterrar a sus muertos.

Este hecho se daba desde hacía muchos años, antes de la formación del pueblo. En 1539, el emperador Carlos V autorizaba oficialmente la sepultura de los muertos dentro de las iglesias, campos aledaños y conventos en sus dominios del Nuevo Mundo, ordenando: “Que los vecinos naturales de Indias se puedan enterrar en los monasterios e iglesias que quisieran”.

Pero dos siglos y medio después, en 1787, el rey Carlos III acoge las ideas de los médicos higienistas de solo enterrar a personas de virtud o santos por los olores fétidos que se respiraban en los templos, que afectaban la salud pública.

Medidas en el Virreinato

José Celestino Mutis adapta esas ideas de los higienistas europeos de ese siglo XVIII para ponerlas en práctica en el Virreinato y recomienda cementerios en las afueras de las poblaciones con el fin de evitar enfermedades y racionalizar la vida social, mediante la higiene urbana.

Muchas poblaciones abrieron cementerios en las afueras tomando esas indicaciones y también debido a pandemias que causaban muchas muertes.

El nuevo cementerio en Polonuevo

En Polonuevo, aún no se tiene certeza de en qué año abrieron el sitio para el cementerio; pudo ser cuando empezaron la construcción de la iglesia en enero de 1890 y necesitaban despejar ese espacio, pero a comienzo del siglo XX ya estaba localizado donde se encuentra hoy día.

En los años 40 la mortalidad era mínima; la gente moría de viejo, a una edad que rondaba los 100 años, o moría “de repente”, hoy diríamos de infarto. Los cadáveres eran envueltos en sábanas y enterrados en un hueco de 2 metros de profundidad y 1 metro de ancho. Cubrían el hueco con arena y, para identificarlo, colocaban una cruz de palo y ponían en ella el nombre del difunto; a eso se le llamaba sepultura.

Los entierros se hacían a cualquier hora del día o de la noche, no se necesitaba autorización de nadie. De Pitalito traían a los muertos en hombros, turnándose para completar el recorrido.

Años después, algunas familias con recursos económicos empezaron a construir las primeras bóvedas en material, que son las que se encuentran a la derecha del Cristo.

Estas tumbas tenían un mecanismo interno. El cajón era soportado por unos palos o tablas que atravesaban la bóveda; al necesitar nuevamente sepultar a un familiar, alaban los palos o tablas y los restos caían al fondo.

Los personajes de la foto

En la foto se aprecia al padre Gerardo Cardona en compañía de su hermana a finales de 1969.